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La semana que el sistema se delató solo

La semana que el sistema se delató solo

Publicado el 5 de abril de 20264 min de lectura

Hay semanas en que no hace falta investigar nada. El expediente se abre solo. Las corporaciones publican su propia confesión en la letra chica, los tribunales acumulan ochocientas sanciones contra abogados que dejaron que una máquina les inventara la ley, y en Colorado una red de cámaras calcula tu velocidad promedio y te manda la multa sin que ningún ser humano te haya visto pasar. Esta fue una de esas semanas.


Microsoft tiene al menos setenta y cinco productos que se llaman Copilot. Aplicaciones, funciones, plataformas, una categoría de laptops, una herramienta para construir más Copilots, y una tecla física en el teclado — la primera tecla nueva en Windows en casi treinta años, anunciada el 4 de enero de 2024 — para invocarlo todo. Tey Bannerman se tomó el trabajo de contarlos el 31 de marzo de 2026. Pero esta semana, alguien más se tomó el trabajo de leer los términos de servicio. "Copilot is for entertainment purposes only," dice el aviso legal, actualizado el 24 de octubre de 2025. "Don't rely on Copilot for important advice. Use Copilot at your own risk." Setenta y cinco productos. Un descargo de responsabilidad. Y un botón en el teclado para invocarlo todo. En la Doctores le dicen fraude. En Redmond le dicen Terms of Use.

Ochocientas cincuenta y cuatro. Ese es el número que mantiene Damien Charlotin en su base de datos de alucinaciones judiciales: sanciones contra abogados estadounidenses que presentaron escritos con citas fabricadas por inteligencia artificial. El caso fundacional fue Mata contra Avianca, junio de 2023, Distrito Sur de Nueva York. El abogado Steven Schwartz le pidió a ChatGPT jurisprudencia y ChatGPT le inventó seis casos que nunca existieron. El juez P. Kevin Castel lo sancionó a él y a su colega Peter LoDuca. Desde entonces las cifras se han vuelto rutina: en marzo de 2026 el Sexto Circuito le clavó quince mil dólares a cada uno de los abogados Van R. Irion y Russ Egli, más los honorarios completos de la contraparte, más el doble de las costas. En Oregon, un tribunal federal ordenó pagar ciento nueve mil setecientos dólares — posiblemente el récord. El estándar legal es claro: la Regla 11 no se delega. La firma del abogado certifica que las citas existen. La máquina no tiene la culpa. Quien firmó, sí.

Julius Brussee tiene dieciséis años, estudia en Leiden, y esta semana publicó un repositorio en GitHub que reduce el consumo de tokens de Claude Code en un setenta y tres por ciento. El método: obligar a la inteligencia artificial a hablar como cavernícola. Sin artículos. Sin cortesías. Sin "I'd be happy to help." De sesenta y nueve tokens a diecinueve. La precisión técnica sale intacta — el código no cambia, solo desaparece la palabrería. Setecientas siete estrellas en veinticuatro horas. "Why use many token when few token do trick," dice el README. A ver, a ver: la optimización más eficiente del año es la regresión lingüística. Esto no se lo cree ni su madre.

En Colorado ya no hacen falta testigos para multarte. La ley SB 23-172 autorizó los Automated Vehicle Identification Systems: cámaras que fotografían tu vehículo en un punto, lo vuelven a fotografiar kilómetros después, dividen la distancia entre el tiempo transcurrido, y si el promedio excede el límite por diez millas por hora te llega una multa de setenta y cinco dólares por correo. Sin puntos en la licencia. Sin policía presente. Ocho cámaras en ambas direcciones del I-25 entre Mead y Berthoud, cubriendo seis millas. El despliegue empezó en julio de 2025 en la autopista 119 entre Boulder y Longmont, donde las infracciones cayeron más de un ochenta por ciento. En el I-25, durante el período de advertencia que terminó el 2 de abril de 2026, el exceso de velocidad cayó un noventa por ciento. Keith Stefanik, ingeniero jefe de CDOT, declaró que "el objetivo no es castigar conductores, sino prevenir accidentes antes de que ocurran." Ni Waze te salva — las cámaras rotan de posición. Frenar a sesenta y cinco para las cámaras y volver a acelerar a ochenta y cinco no sirve: el sistema mide el promedio, no el instante. La vigilancia ya no necesita ojos. Solo aritmética.

Pankaj Gupta tiene doctorado de Stanford y fue director de machine learning en Twitter. Gilad Mishne fue su colega ahí en 2010. Juntos fundaron Yupp en junio de 2024 con una idea razonable: acceso gratuito a más de ochocientos modelos de IA, los usuarios evalúan cuál responde mejor, y Yupp vende esos datos de preferencia a los laboratorios. Chris Dixon de a16z crypto lideró la ronda semilla de treinta y tres millones de dólares. Jeff Dean de Google DeepMind invirtió. Biz Stone, cofundador de Twitter, invirtió. Aravind Srinivas de Perplexity invirtió. Cuarenta y cinco ángeles más invirtieron. Un millón trescientos mil usuarios se registraron. El leaderboard VIBE Score clasificaba modelos por retroalimentación humana. Todo sonaba correcto. El martes 31 de marzo de 2026 Yupp anunció que cerraba. Menos de un año. "The AI model capability landscape has changed dramatically in the last year alone," escribió Gupta en X. El mercado se movió más rápido que el producto. En Tepito esto tiene otro nombre. Se llama quemar la lana.