Skip to content
La semana en que lo real se volvió opcional

La semana en que lo real se volvió opcional

Publicado el 2 de abril de 20265 min de lectura

Hay semanas en las que el mundo no avanza sino que se desliza, como un mueble sobre un piso recién encerado, sin que nadie recuerde quién lo empujó. Esta fue una de esas semanas. La Luna volvió a tener visitas, los diamantes dejaron de ser caros, el concreto aprendió a pensar, una tienda de muebles descubrió que sus clientes querían consejos y no estantes, y Europa pidió a sus ciudadanos que se quedaran en casa. Todo al mismo tiempo. Todo con la naturalidad de quien cambia de canal.


La Luna recibe visitas después de medio siglo de silencio. El primero de abril, a las 6:35 de la tarde hora del este, el cohete SLS despegó desde el Centro Espacial Kennedy con cuatro astronautas a bordo de la cápsula Orion: Reid Wiseman al mando, Victor Glover como piloto, Christina Koch y el canadiense Jeremy Hansen como especialistas de misión. Glover se convirtió en la primera persona negra, Koch en la primera mujer y Hansen en el primer no estadounidense en viajar más allá de la órbita terrestre baja. Nadie había hecho este viaje desde diciembre de 1972, cuando la tripulación del Apollo 17 regresó de la superficie lunar. Son cincuenta y tres años. Una pasajera de American Airlines llamada Jane Clukey filmó la estela del cohete desde la ventanilla de su vuelo entre St. Croix y Charlotte, y el video se volvió viral porque eso es lo que hacemos ahora con los milagros: los grabamos en vertical desde un asiento 14F. Mientras tanto, SpaceX presentó de manera confidencial su solicitud de salida a bolsa bajo el nombre clave "Project Apex", con veintiún bancos alineados y una valuación objetivo que empezó en 1.75 billones de dólares el martes y para el miércoles ya había subido a más de dos billones, según Bloomberg. Si la Luna es el destino, Wall Street es la gasolinera.

IKEA construyó un asistente de inteligencia artificial y lo que falló resultó ser el negocio. El chatbot se llama Billie (con ie, como el librero) y fue desplegado por Ingka Group, el mayor franquiciatario de IKEA, en mercados de Europa, Australia y Emiratos Árabes. Billie resolvió el cuarenta y siete por ciento de las consultas de servicio al cliente, lo cual suena a fracaso hasta que uno lee lo que pasó con el otro cincuenta y tres por ciento. La mayoría eran personas pidiendo consejos de decoración, no reclamaciones por un tornillo faltante. Ingka, en un giro que solo el capitalismo tardío puede producir con tanta gracia, reconvirtió a ocho mil quinientos empleados de call center en asesores de diseño de interiores por teléfono y videollamada. El canal de ventas remotas generó mil trescientos millones de euros en el año fiscal 2022, según Parag Parekh, director digital de Ingka. En México diríamos que Billie se ponchó pero el equipo anotó de rebote. La meta es que las ventas de diseño remoto pasen del 3.3% al diez por ciento de los ingresos totales para 2028. Resulta que lo que la gente quería de IKEA no era un mueble más barato sino alguien que les dijera dónde ponerlo.

Los diamantes de laboratorio cuestan menos que la cena donde se entregan. En cinco años el precio cayó un ochenta por ciento. Dos quilates de diamante cultivado se consiguen ahora por menos de mil dólares, y representan el sesenta y uno por ciento de los anillos de compromiso vendidos en Estados Unidos, según datos de la industria. La causa es la misma que en toda buena historia de abundancia artificial: la tecnología CVD (deposición química de vapor) se abarató, los productores chinos e indios escalaron la manufactura, y De Beers, que durante un siglo controló la escasez como quien administra un monopolio teológico (los diamantes son eternos porque nosotros lo decimos), lanzó su propia marca de laboratorio, Lightbox, a ochocientos dólares el quilate, como quien abre una taquería junto a su restaurante de autor. La industria joyera tradicional está aprendiendo lo que la industria musical aprendió con el streaming: cuando la copia es indistinguible del original, el precio del original se vuelve una cuestión de fe.

Meta enseñó a una inteligencia artificial a diseñar concreto, y la frase no es una metáfora. BOxCrete, publicado bajo licencia MIT por investigadores de Meta y la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign, es un modelo de optimización bayesiana que predice la resistencia a compresión del concreto a lo largo del tiempo y sugiere mezclas que minimizan las emisiones de carbono. El cemento Portland es responsable del seis al ocho por ciento de las emisiones globales de CO2. BOxCrete alcanza un R-cuadrado de 0.94 prediciendo resistencia en cinco edades de curado, y su conjunto de datos abierto incluye quinientas mediciones de ciento veintitrés mezclas distintas. Los autores, Bayezid Baten, Ayyan Iqbal, Sebastian Ament, Julius Kusuma y Nishant Garg, publicaron el código en GitHub bajo el repositorio facebookresearch/SustainableConcrete. Hay algo profundamente extraño en que la empresa que construyó un metaverso que nadie visitó ahora diseñe los cimientos de los edificios donde la gente sí vive. Pero así funciona la investigación: a veces el camino más largo llega al lugar más sólido.

Europa pide a sus ciudadanos que se queden en casa, y esta vez no es por un virus. La Comisión Europea emitió recomendaciones para que los ciudadanos trabajen desde casa y reduzcan el uso del automóvil en medio de una crisis energética prolongada derivada del conflicto en el Golfo Pérsico. La escena tiene un aire de déjà vu: en 2022 fueron los gasoductos rusos, ahora es el petróleo del Golfo, y el mensaje es el mismo. Apaguen las luces, bajen el termostato, quédense donde están. La diferencia es que esta vez nadie parece sorprendido. La energía, ese fantasma que Europa creía haber domesticado con molinos de viento y paneles solares, vuelve a recordar que tiene voluntad propia. Y el ciudadano europeo, que durante la pandemia aprendió que el pijama es un uniforme válido, recibe la instrucción con la resignación de quien ya sabe dónde están las pantuflas.